"...en el Paraíso me enamoré del que es hoy mi marido, la persona que ha puesto Dios en mi vida para hacer carne este amor. "

Acelerada, con miles de proyectos, buscando el éxito, esperando la aprobación de los demás, llenando mi vida de cosas, cuanto más mejor o eso creía.

 

Nunca imaginé que teniendo tantas cosas a mi alcance pudiera estar tan vacía. Si todo lo tenia, ¿por qué ese sin sentido? Estaba tan anestesiada por todo lo de este mundo que no me había parado a pensar ni a plantear preguntas tan fundamentales como: ¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿a dónde voy?, ¿por qué sufro?... solo vivía, o mejor dicho sobrevivía, intentando llenar mi vida de cosas, aparentando ser algo que no era con tal de mendigar un poco de amor barato de los demás. 

 

Pero te aviso, una vez te empiezas a plantear tales interrogantes solo te pueden llevar al sitio que a mí me llevaron, a Dios. Un Dios que te ama y que está deseoso de encontrarse contigo. Tan solo con un poco que le abrí mi corazón, allí estuvo Él rápidamente dispuesto a sanarlo del todo, y como Dios te conoce perfectamente sabe bien como hacerlo, sirviéndose de personas y de sitios concretos. En mi caso, uno de ellos el Paraíso. Aquí empezó un nuevo camino en mi vida, donde muchas cosas cambiaron...

 

Dios siempre sorprende y me lleva a un sitio sin cobertura de móvil, con escasa agua corriente y sin luz eléctrica (en sus inicios no había).  Pero todo ello, pasaba desapercibido cuando te encontrabas con un paisaje de montaña inigualable, sin el ruido ni el ritmo acelerado de la ciudad.  No solo eso, un lugar en el que compartir y entregarte al cien por cien. Y es que no me imaginaba poder estar tan alegre trabajando en la reconstrucción de un lugar, que en tan poco tiempo ya estaba sintiendo que era mi casa. Una casa sencilla, acogedora, en la que no necesitaba nada porque me sentía tremendamente amada.

 

Dios me llevó al lugar idóneo para dar un cambio de sentido en el rumbo de mi vida. En el Paraíso estaba esperándome. Gracias a la tranquilidad del lugar y a lo que allí se vive, pude escuchar lo que Dios me quería decir sin distracción alguna.

 

Su mensaje era claro: fíate de Mí y déjate amar. Es por ello que no es casualidad que en el Paraíso me enamorara del que es hoy mi marido, la persona que ha puesto Dios en mi vida para hacer carne este amor. Fue tan importante para nosotros que allí nos comprometimos en matrimonio.

 

Con esto quiero dar fe de que es un lugar de encuentro en el que Dios está empeñado en derramar su gracia. Esta solo es una pequeña historia de todas las que Él está llevando en este lugar. Y es que como yo, tantas personas más pueden dar gracias al Padre de haberles llevado al Paraíso. Porque de verdad, que su nombre le hace justicia, es como estar en el Paraíso.

Andrea Escolá

Maestra y madre de familia