"un sitio que te transmite la belleza de la creación, el gozo de disfrutar de la naturaleza, lejos de iPadsmóviles, internet..."

 (Llorenç)

Yo no conocí El paraíso, más bien lo reconocí.  Lo visitamos toda la familia en verano de 2020 por primera vez y fue una sensación muy especial, todo me era familiar, me sentía como en casa. Todo me parecía de una belleza extraordinaria. Sentí enseguida que el Señor me invitaba a formar parte de él. Resonaron en mi corazón unas palabras proféticas de San Juan Pablo II con motivo de un viaje apostólico a Israel en el año 2000: "El Señor os ha estado esperando en esta montaña". Yo sentía lo mismo, el Señor me había estado esperando allí. Reconocía la presencia de Dios en cada rincón. 

Yo ya conocía la existencia de El Paraíso desde hacía muchos años, me habían hablado de su construcción, de las experiencias de fe que muchos jóvenes habían vivido allí... pero por un motivo u otro nunca había tenido la posibilidad de ir. Nuestro viaje fue un tanto rocambolesco, justo el día de antes en una mala caída me había fracturado el arco cigomático (un hueso de la cara, cerca del pómulo) y el dolor era terrible. Fuimos al hospital. Pasé una noche muy difícil, estaba en un infierno de dolor, esperando el resultado de las pruebas médicas. Al día siguiente, estuvimos a punto de cancelar el viaje, pero una voz interior me decía que no, que no podía privar a mis hijos de una experiencia de fe. Con el alta médica, me acomodé como pude en el asiento del copiloto y nos fuimos toda la familia hacia El Paraíso. Allí pasé del infierno al cielo en cuestión de horas. Con el sacramento de la confesión, la Adoración al Santísimo y la Eucaristía el Señor me catapultó hacia una nueva realidad que desconocía: se puede vivir con dolor y alegría al mismo tiempo.  Viví el gozo de la Resurrección. Me acordé de las palabras de Jesús al buen ladrón: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Lc 23,43)

 

(Marta)

La experiencia con la familia fue maravillosa. Es un sitio que te transmite la belleza de la creación, el gozo de disfrutar de la naturaleza, lejos de iPads, móviles, Internet... Con la "resurrección" de mi marido empezamos a contemplar juntos la belleza de nuestra familia, de los niños, de estar en comunión. Es un lugar muy propicio para la oración. Los niños disfrutaron de momentos de silencio, de contemplación... Momentos que muchas veces nos es difícil encontrar en la vorágine de la vida diaria.

Llorenç y Marta

Matrimonio con 6 hijos, de Alzira