"Es un lugar muy especial para mí, en el que he podido poner los cimientos de mi vocación... donde me he podido retirar a estar con el que es el Amor de mi vida."

Recuerdo perfectamente la primera vez que fui al Paraíso alto, fue en el mes de febrero del año 2013, recuerdo que el motivo de la visita a este pequeño pueblo fue la nevada que cayó la noche anterior a nuestra visita, recuerdo que el pueblo solo tenía edificado en perfecto estado la ermita, que había sido reconstruida hacía poco.

Desde aquel momento aquel lugar me enamoro el paisaje, el sonido del rio de fondo, estaba realmente en el Paraíso.

Pero entonces este proyecto no hacía más que empezar, alomejor llamarlo proyecto en ese momento era demasiado pero desde entonces empecé a ir muchas veces ayudar con la reconstrucción de algunas de las casas, pero poco a poco aquella reconstrucción de casas no solo era poner piedra sobre piedra sino que a la vez que reconstruíamos las casas se iba edificando mi vida y construyendo los cimientos de mi vocación y tras muchos viajes al Paraíso solo o con mas jóvenes, tras noches de mucho frío y largas adoraciones, tras mucho compartir la vida, el trabajo, la comida… y tantas cosas más. Esta vida me llevó a dar el paso más importante de mi vida, que fue entrar al seminario en septiembre de 2014, y ahora en el año 2020 siendo ya diácono y tras mucho trabajo y tiempo de oración en este pequeño Paraíso, puedo afirmar que es un lugar muy especial para mi, en el que he podido poner los cimientos de mi vocación, donde he reído y he llorado, donde me he podido retirar a estar con el que es el Amor de mi vida.

 

Doy gracias Dios y la fundación el Paraíso alto por hacer de este lugar un lugar de encuentro entre las personas y en especial con Cristo en la custodia.

Santiago Piñeiro

 

Diácono de la diócesis de Valencia